GENTES, COSTUMBRES, TRADICIONES, HISTORIAS, FOLCLORE, PATRIMONIOS Y PAISAJES DE LA PROVINCIA DE VALENCIA:
EN HOMENAJE A MI TIERRA Y A MI PAÍS....
Por: JUAN E. PRADES BEL, autor de los proyectos: "Crónicas históricas"; "Recordar también es vivir"; "Historias del Mar"; “Espigolant cultura: taller de historia, memorias, crónicas, patrimonios y humanidades"; y otras historias.
(Proyecto): DATOS PARA LA HISTORIA DE LA HUERTA HISTÓRICA DE VALENCIA, SUS PUEBLOS Y LA CIUDAD CAPITAL.
"AÑO 1841: MANUAL DE ENSEÑANZAS AGRÍCOLAS, INSTRUCCIONES PARA APLICAR A LOS TRABAJOS PREPARATORIOS PARA LA SIEMBRA EN LOS CAMPOS ESPAÑOLES".
Escribe: JUAN EMILIO PRADES BEL.
INTRODUCCIÓN:
EXPOSICIÓN DOCUMENTAL: (Documento 1º, con fecha del año 1841):
- AÑO 1841: Gaceta de Madrid: núm. 2268, de 03/01/1841, páginas 3 a 4. AGRICULTURA, (MANUAL) DE LA SIEMBRA. Ahora que la estación es oportuna, será bien decir algo sobre el preparar la tierra y el sembrar los granos. Y lo vamos a hacer con lisura y concisión, sin hojarasca, y a la española, llamando al pan pan, y al vino vino. Otro día hablaremos sobre la vendimia y lagares, advertencias que también llegarán a tiempo.
- No se crea por eso que estaremos escasos de
noticias o de doctrina; procuraremos decir mucho en pocas palabras. Una página
bien aprovechada, vale más que un pliego de desperdicio; así como una “huebra” (espacio
que se ara en un día) perfectamente cultivada, da mayor rendimiento que tres y
cuatro (huebras) a la ligera; más de nuestro desempeño los lectores han de
juzgar, de nuestras intenciones Dios, que las ve bien puras y bien patrióticas.
- Imposible es prescribir a cada labrador lo que
ciegamente haya de hacer en su campo, porque hay tanta diferencia de terreno a
terreno, que lo que a uno aprovecha, a otro daña.
Es la España un abreviado compendio de todos los climas y sus gradaciones desde
los fríos a los calurosos, sin tocar por fortuna en los hielos circa polares
(circumpolares), ni en los ardores del ecuador. Y aun en un mismo clima o zona
hay tantas causas accidentales para modificar la naturaleza de los terrenos,
para hacerlos fértiles o estériles, secos o húmedos, fríos, calientes o
templados, que los preceptos y consejos de la agricultura no han de entenderse
absolutos, sino que necesitan acomodarse a cada situación particular.
- Así que, por más que nosotros demos reglas para
el sembrar, y las variemos según la calidad y circunstancias de las tierras,
nunca podrán pasar de generalidades, que cada labrador acomodará, según lo que
comparando le dictare el buen sentido, a las hazas que se hubiese propuesto
empanar.
- Bien aparejadas suponemos las tierras para la “sementera”
(sembradura), las rejas dadas a tiempo, el estiércol convenientemente preparado
y distribuido en el campo. De cada cosa de esta, trataremos extensamente por orden
sucesivo en nuestro periódico; ahora las tocaremos ligeramente para llegar al
acto del sembrar.
- O el campo trabaja todos los años, o bien
descansa de dos años uno, o de tres dos.
- En el primer caso de sembrarse todos los años, o da
dos cosechas alternando las plantas y turnando, que es cuando mayor esquilmo se
saca del terreno, o no da más que una cosecha que suele ser de grano.
- Mucho se ha declamado contra el descanso de las
tierras, y con razón; pero en las grandes haciendas y dilatadas labores, si no
es de alabarse el cultivo de año y vez, y menos el de tres hojas, admite alguna
disculpa.
- Mejor es indudablemente el continuado trabajo y
la rotación de cosechas; pero esto supone mayor inteligencia, más
perfeccionados instrumentos de agricultura, abundancia de estiércol y de reses
que lo produzcan, y prados naturales y artificiales de que se mantengan.
- Las tierras de regadío nunca es disculpable el
dejarlas descansar.
- El campo habrá recibido las rejas con
oportunidad, cruzadas y dirigidas a esponjar la tierra, y destruir las yerbas.
En esta disposición, y al aproximarse las aguas de octubre, es preciso
estercolar.
- Los estiércoles tienen propiedades algo análogas
al alimento de los animales de que proceden. El del ganado de cerda es el más
frio, y se aplica a tierras ligeras.
- El boyal es craso, pesado y fresco, conviene al
terreno arenisco y suelto. El caballar y mular es caliente y ligero: sirve para
suelo duro, arcilloso, apretado y tenaz.
- El de ovejas, cabras y gallinas es más caliente,
y se emplea en tierras calizas y frías.
- Con este conocimiento se pondrá en terrenos
arcillosos y fuertes el estiércol poco hecho, especialmente si tiene paja larga;
en los calizos algo más fermentado; y en los ligeros y areniscos bien
repodrido. Pero siempre, y por regla general, se ha de enterrar el estiércol
inmediatamente después de echado en el campo; la práctica que observan casi
todos nuestros labradores de tenerlo largo tiempo en montoncitos antes de
desparramarlo, es mala; la de dejarlo desparramado y al descubierto, es
malísima.
- A falta de estiércol se habrán enterrado las
yerbas del mismo campo, o bien se habrán quemado. Es muy frecuente sembrar
plantas, para cortarlas luego y echarlas como abono: las retamas, el tojo y la
aliaga, según otro día dijimos, el girasol.... ¿quién sabe cuántas ? En Italia
se acostumbra sembrar maíz espeso en agosto, para cortarlo y envolverlo a
principios de Octubre: con las habas se hace lo mismo en la primavera, que
también se entierra la planta verde, y las judías, el mijo y otras muchas. Se
entierran las plantas verdes, y cuando quieren florecer, para que así
fermenten, y abonen bien. El helecho, los musgos y todo follaje se echan secos
con el propio fin. Mas nunca se olvide qué los mejores estiércoles son los que
proceden de sustancias animales o animalizadas, en especial para los granos.
Una observación nos queda que hacer sobre abonos. Cuando los estiércoles se
esparcen enterizos y poco repodridos en tierras fuertes, cultivadas a año y
vez, resulta que se deshacen tan lentamente, que poco aprovechan al trigo allí
sembrado, y que en el año siguiente de barbecho es cuando están en disposición
de dar beneficio a las yerbas, que naturalmente salen, perdiéndose así
malamente una cosecha de grano, fácil de haberse logrado. Y es también de
advertir que el campo para trigo no ha de estar estercolado con exceso.
- El disponerse a sembrar ha de ser cuando se
acerquen las lluvias en fines de Setiembre y en todo octubre, y aún más tarde,
según el temperamento del país; la regla es al caer la hoja de los árboles.
- Decían los antiguos que el centeno se ha de
sembrar en lodo, la cebada en polvo, y el trigo en todo. Sin embargo, lo mejor
es que ni esté la tierra muy seca, ni muy mojada; después que se arare ha de
quedar jugosa, mullida y desmenuzada, por donde conviene que antes haya llovido
algo.
- El terreno arcilloso necesita estar mojado o
trabajarse en tiempo blando, porque de otro modo lo penetraría con mucha
dificultad la reja. El arar fuera de ese caso la tierra arcillosa sea en días
serenos siempre que se pueda. Y es señal de bonanza el ver los hilos de las
arañas por los campos, pues nunca empiezan a hilar sin que esté sentado el
tiempo. Cuando se barrunta lluvia se envuelve la semilla, en llegando el agua
de veras, se suspende toda labor de siembra, y lo mismo cuando hay nieve. Al ir
a meter la reja en el campo se habrá llevado y desparramado el estiércol, que
quedará con los caballones de los surcos enterrado. Del arado y sus varias
clases no hablaremos hoy, porque es punto que requiere él solo uno y aun varios
artículos; tanto es lo que se ha discurrido y adelantado en el extranjero con
respecto a este primero y más importante instrumento de la agricultura.
- El arado común o timonero es el único que se usa
en nuestras provincias, más perfeccionado en unas que en otras; cuánto nos falta
que andar todavía para ponernos en disposición de sacar todo el partido con que
nos brinda la fertilidad de nuestro suelo privilegiado. Los surcos han de ir más
o menos hondos según sea la calidad y naturaleza de cada terreno. A veces la
capa fértil tiene bastante profundidad, y entonces no hay inconveniente en
revolverla bien; otras veces es somera esa capa, y debajo hay tierra arenisca, o
bien arcillosa, y en tal caso el ahondar es sacar lo malo a la superficie, y
esterilizar el terreno. Pero téngase presente que aun así él daño es pasajero,
pues las labores sucesivas, el desmenuzado y los abonos mejoran aquel campo, y a
la larga se logra la recompensa. En general la primera reja, de alzar, debiera ser la más honda; las de binar y terciar
más superficiales; este es el orden más beneficioso, pero también el que más
trabajo da en la práctica, y el que rehúyen los labradores.
- No es indiferente la dirección de los surcos o
besanas, ni tampoco su longitud y extensión.
- En tierras frías y llanas la dirección de Norte a
Mediodía es la mejor, pues proporciona la acción del sol sobre las plantas;
debiéndose tirar generalmente a guarecerlas de las impresiones de frío y calor
que puedan perjudicarles.
- Los surcos muy largos fatigan al ganado, y aunque
adelantan algo más la faena, conviene no darles sino una mediana tirada, que es
buena economía, porque descansan los animales, y el gañan hace más igual la
labor.
- Mucho ayuda el que el arado esté en manos que lo
sepan manejar.
- Cuando hay alguna desigualdad en el terreno, debe
empezarse a arar por las hoyadas. En las laderas han de ir los surcos al
través, cortando el declive; y en los cerros redondos han de ir suavemente
arqueados, y aun en espiral o culebreando. En ello hay ventaja para facilitar
la labor, para aprovechar las aguas, para contener la tierra y para abrigar las
plantas.
- Labrada la tierra se desterrona y desmenuza, ya
con la rastra de diente, ya con la azada, y luego entra el escoger la semilla.
Esta ha de ser la mejor que se pueda, de calidad, de peso y de sazón. Nunca
darán los labradores bastante importancia a la advertencia que aquí les
hacemos. Algunos la van escogiendo en mies de pie de entre las macollas más
lozanas, y de ellas las espigas del centro en campo no muy cargado de
estiércol, y las guardan por separado sin desgranar, y no en silos ni sótanos,
sino en graneros altos y ventilados. Así es como se propagan las buenas castas,
y a veces se consiguen variedades aún más apetecibles. Cuando son muy extensas
las labores, y no consienten tanto esmero, téngase a lo menos el cuidado de
separar en la era el grano más pesado, lo cual se ve al aventar, porque cae
derecho y resiste más al viento. Y es condición que no le haya llovido durante
la trilla ni la avienta.
- Las simientes dudosas deben probarse con
anticipación. Al efecto se rocían con agua tibia y se ponen en paraje abrigado
para ver si germinan bien, o se meten en un trapo o bayeta húmeda, o en fin se
siembran entre basura o estiércol no muy fuerte. Por el número de granos que
brotan se juzga aproximadamente de la calidad de la simiente que se trae entre
manos. Conviene renovarla de tiempo en tiempo, y será cuando se advierta que el
grano va desmejorando y no antes. La nueva simiente ha de venir de terreno análogo
al que va a ocupar, y en todo caso de temperamento más frío a más caliente, y
no al revés, porque lo llevaría mal.
- Todo preparado para la siembra, bueno el tempero
y con esperanzas de lluvias, es acertado poner en agua la simiente veinte y
cuatro horas antes de usarla, para que con mayor prontitud germine y se
desarrolle. Si en el agua se echa estiércol o lejía, tendrá el embrión más
fuerza y la planta mayores medros, con más recio tallo y raíces. Y si se
pusiese hollín en el agua, y mucho mejor cal, de modo que forme una lechada
clara, morirán los insectos que tuviese la simiente; y esta se preservará de
los gorriones y otros pájaros que se la comen si no está bien enterrada en el
campo. Por supuesto que los granos de trigo que sobre nacen en el agua deben
quitarse porque están vanos y no han de producir. El sembrar es de cuatro
maneras: a puño, a golpe, a chorrillo, y con sembradera. Unas veces se siembra
sobre los surcos abiertos, y otras después de allanado el campo con el pasar de
la grada, ya de dientes, ya de cota o con ramas, que lo van igualando.
- El poner la simiente a golpe o manteada es para
las habas, guisantes y otras legumbres. La sembradera es originaria de España,
invención de nuestro compatriota Lucatelo, fue ensayada en su tiempo en el
sitio del Retiro en Madrid con general aplauso, mas no pasó de ahí, sino que,
enviado un modelo a Inglaterra, sirvió para que allí se modificase de diferentes
maneras y tamaños, y que en Polonia y en Francia la adoptasen, llegando a un
grado considerable de perfección. Tiene sin embargo como todas las cosas,
algunas dificultades a vueltas de sus ventajas; y es preciso que nuestros
labradores se decidan a entrar en mis esmerados sistemas de cultivo, si han de
avenirse a emplear cualquiera de las muchas variedades de sembraderas que hoy
se conocen en el extranjero. A su tiempo las daremos a conocer, porque no
desesperamos de ver introducida tarde o temprano toda clase de mejoras en esta
querida y desgraciada patria.
- La siembra a chorrillo es recomendable,
especialmente en países templados y cálidos, porque el poner un reguero claro
en el surco deja desahogo a las plantas, circulación al aire, espacio para las
escardas, y beneficio a la tierra, economizando semilla. Esto se hace a mano,
otros con más esmero usan una botella, cuyo tapón de corcho tiene un taladro
con un cañón de pluma por donde cae el grano.
- En Madrid se propuso años pasados aplicar a la
esteva o mancera del arado una sembradera sencilla, que al abrir el surco fuese
haciendo el oficio de la botella, y este pensamiento nos parece acertado y
digno de la atención de los agricultores no vulgares. Verdad es que en algunas de
nuestras provincias litorales ya se hace uso de esas sembraderas de un solo
reguero, traídas de fuera al país donde fue su invención y nacimiento.
- Finalmente el sembrar a puño es lo más usado
entre nosotros; para ello se requiere mucho tacto y habilidad, pues los
resultados son importantes y se ven en la era. El desparramado del grano ha de
ser uniforme en cada terreno, aún que más espeso en unos que en otros. Al
efecto es bueno dividir el campo en fajas o amelgas, calculando la simiente
necesaria para cada una y separándola; si el sembrador ha padecido algún error
en la primera, lo rectifica y toma el pulso para las sucesivas. Y esté el dueño
presente, o de sus vueltas a menudo, porque como dice el insigne Herrera, padre
de la moderna agricultura, no solo española, sino también europea, muchas veces
donde ha de sembrarse una fanega, no ponen los gañanes media, ni acaso un
celemín, y luego achacan la pobreza del campo a que se ahogó la simiente, o que
la quemó el hielo, o que con el grande sol se secó, o que se la comieron
pájaros.
- El trigo trechel o rubio quiere tierras gruesas,
calientes, llanas y despejadas; el (trigo) arisprieto se huelga en las laderas
y parajes ventilados; y el (trigo) blanco o candeal sufre mejor tierras frías,
ligeras, sombrías y húmedas. La cebada se da en tierras medianas sueltas y algo
secas, no gredosas o arcillosas ni húmedas. Y el centeno prefiere los terrenos
templados, elevados, ligeros y flacos, resiste al frio, pero ha de sembrarse
temprano para que no lo sobrecojan las heladas sin estar algún tanto crecido y
fuerte.
- En cuanto a la cantidad de simiente, el trigo
candeal ha de estar más ralo que el trechel, porque abija más, y necesita
espaciarse. La opinión general de los labradores es que, en las tierras
fértiles, recias y bien abonadas, debe echarse más simiente, que en las
endebles y flacas, lo uno para que salga mayor número de plantas, y lo otro
para que estas sofoquen a las malas yerbas.
- En buenos principios debiera hacerse todo lo
contrario, pues el suelo de mayor vigor y sustancia cría las plantas con más
pujanza y lozanía, haciéndoles ahijar, encepar y amacollar más, y tomar mayor
extensión. Si allí se ponen más plantas de las que caben y pueden vegetar con
holgura, se encogen, se sofocan mutuamente, se ahítan por falta de sol y
ventilación, y vienen a dar mucha paja, y poco y mal nutrido grano por todo
producto.
- Al explicarnos así, digamos también, que el
sembrar claro en tierras jugosas y fértiles tiene su reata, y que algunos
labradores se han arrepentido de haber hecho caso de los que se lo aconsejaban,
pero es porque no tomaron más que la mitad del consejo. A nadie se le oculta
que el mismo vicio del terreno arroja muchas yerbas, y que allí debe acudirse
con el cuidado y el menudear con las escardas, ya a mano, ya con rastros y
extirpadores bien llevados, que así únicamente es como se logran buenas
cosechas por efecto del esmerado cultivo, y los milagros en agricultura y en
todas cosas los hace el trabajo, que no la pereza.
- ¿Pues que
diremos de lo que en Andalucía se llama sembrar al pelo, que no hemos querido
mencionarlo entre las otras maneras de siembra? En un terreno completamente
erial con sus yerbas y matojos, y sin preparación alguna, echan a puño la
simiente, y luego le dan una reja o vuelta de arado con que la entierran. ¿Es
esto cultivar? Verdad es que no suelen hacerlo sino cuando les ha sobrado
semilla, hay tiempo favorable, y están holgados hombres y ganado; pero aun así
¿qué es lo que se deduce de semejantes costumbres? Que, si es un bien el que haya
agricultores ricos y con bastantes medios para llevar labores en grande y en
pequeño, porque son los que pueden hacer innovaciones y mejoras, que luego
redunden en provecho de todos, eso se entiende cuando reúnen las cualidades de
talento, educación conveniente, inteligencia en agriculturas con la posesión de
las ciencias sus auxiliares, amor al trabajo, verdadera afición a las faenas rurales,
patriotismo y perseverancia.
- Los cortijos y las grandes fincas, encomendadas
exclusivamente al cuidado de los mayorales y apeadores, nunca rendirán los
productos de que son susceptibles, y que aun en secano y tierra caliente están
ofreciendo al hombre entendido.
- Quede pues sentado, que en terreno sustancioso
siembre espeso el que no quiera, o no pueda escardar y limpiar el campo a su
tiempo; el que tuviere voluntad y medios de hacerlo, siembre claro, y nos dará
las gracias.
- En toda siembra temprana de otoño, como que el
terreno conserva más calor y las plantas han de germinar pronto, puede echarse
algo menos de simiente que en las tardías, porque casi toda se aprovecha.
- Hay ocasiones en que se siembra grano,
especialmente de centeno, cebada y avena, para que en alcacer lo pasten
ganados, y aun para enterrar las cañas antes de granar que abonen el campo;
entonces está bien y no ofrece disputa el sembrar muy espeso.
- Hase de poner húmeda la semilla en tierra porque
viene mejor; y así, sea que esté remojada en agua clara, o en disolución de
hollín, lejía o cal, se cuidará de que no haya llegado e enjugarse. Y también
ha de tenerse presente, que entonces está como hinchado el grano y abulta más;
el sembrador al advenir que le llena la mano y que corre menos, lo tomará en
cuenta para compasar su marcha y acortar las amelgas.
- Echada la simiente en el campo, conviene
cubrirla, pues necesita oscuridad, abrigo y defensa. Generalmente cuanto más
gruesa es, mayor profundidad requiere, aunque con alguna excepción.
- Los trigos y demás cereales tienen bastante con
tres a cuatro dedos: en tierra arenisca y suelta pueden ahondar más que en la
arcillosa, la cual siempre es compacta y ofrece dificultades al romper del
tallo de la planta y abrirse paso.
- Las simientes muy finas, como las de yerbas para
prados artificiales, se cubren con solo hacer pisar por el pedazo sembrado un
hato o rebaño de ganado lanar, su pisoteo les basta.
- Para el trigo, cebada y centeno, cuando está la
tierra bien suelta y esponjada, suele pagarse la rastra, la grada, un rodillo, o
un tablón de canto, según que el labrador observe que por uno u otro de estos
medios consigue mejor el objeto.
- Si la siembra fue a surco o chorrillo, el cubrir
puede ser en el mismo sentido y dirección: si se sembró a puño o a voleo,
entonces es mejor llevar la rastra, tablón o lo que sea, en sentido encontrado,
y cortando los surcos en ángulo recto. Mas en terrenos arcillosos y algo
compactos, el modo de envolver la semilla es dar otra reja al campo, y esta es
la práctica más general en España, y de seguro la mejor, solo que también es la
más costosa.
- Esta última labor de la siembra se hace sin
embargo con bastante rapidez, lo uno por coger la tierra mullida y recién
labrada, y lo otro porque se lleva el arado liviano y somero.
- Creen algunos labradores, ¿y cómo podríamos dejar
de tocar este punto? que el trigo mal cultivado y en ciertos terrenos pobres,
se convierte al cabo de uno o dos años en centeno. No hay que extrañarlo,
cuando es fácil que lo hayan leído en muy respetables y acreditados autores
agrónomos, que en su tiempo lo creían también. Pero en realidad es un error,
las ciencias naturales hacen rápidos y diarios progresos, los hechos se aumentan
y clasifican, y las buenas doctrinas se robustecen. La naturaleza es mucho más
grande a nuestros ojos que a los de nuestros antepasados, porque son más
completos nuestros medios de observación, y acumulamos a sus siglos otro siglo
más fecundo que todos; los que nos sucedan se reirán probablemente de nuestro
atraso, porque sabrán mucho más. En el estado actual de la ciencia, despojada
de paradojas y ceñida a la verdad, que es bastante hermosa y sublime por sí
misma para necesitar de adornos fabulosos, es un absurdo el imaginar que, en el
reino vegetal, como en el animal o mineral, en el orgánico como en el
inorgánico, pueda jamás un género, ni aun una especie, cambiarse en otra, eso
sería contra una sabia economía, y conduciría al caos de la materia. Mas como
aun en el fondo de las creencias absurdas suele encontrarse un viso de razón,
lo que sucede es que las especies, en las plantas particularmente, se resuelven
en variedades y subvariedades muy diversas, que a la vista no conocedora se
presentan sin afinidad ni semejanza. Hay más, y es que cuando de un género hay
especies, o de una especie variedades sembradas a corta distancia, lleva el
viento el polen de unas a otras flores, y las fecunda indistintamente,
resultando frutos y granos cruzados bastardeados y defectuosos.
- Así degeneran las castas; y, por otra parte, del
mismo modo que una variedad mediana de trigo se abulta y mejora en tierra pingüe
y sustanciosa, así se achica, por el contrario, se depaupera, y afea en terruño
flaco y estéril, y sigue de año en año deteriorándose hasta ponerse
desconocido, y hasta desaparecer, que es el no dar semilla. Esta desmejora del
trigo, esta especie de degradación, esta causa, es, o la del cruzado en la
incubación de las flores, lo que ha dado lugar a la fábula de su conversión en
centeno; tan fábula como la de otras trasformaciones de plantas mal observadas
y creídas de buena fe; siendo bien cierto que poco tardarán en encontrar el
desengaño los que sin prevenciones y con recta intención y sana conciencia lo
buscaren.
- Para conclusión de este artículo de la siembra,
nos resta decir que toda mejora exige aplicación y cuidado, y que no es fácil
que la emprenda quien no tenga fundada esperanza e ilustrada convicción. Mas es,
el que a ciegas se arrojase en ese camino, fundado sería el temor de que se
perdiese. Es preciso saber comparar, empezar ensayando, e ir poco a poco
venciendo obstáculos, hasta adquirir posesión de las buenas prácticas usadas
por otros, en distintos países, y aconsejadas por la razón. El que no compara,
¿Cómo entrará en innovaciones? El que no hace cuantas minuciosas y exactas, el
que se contenta con el poco más o menos, ¿Cómo conocerá lo malo, lo mediano y
lo bueno? El escudarse con sus cultivos en grande escala, para desechar toda
idea de progreso, es quedarse atrás y pronunciar su propia condena. Cuando no
hay arte que no se perfeccione, cuando la agricultura bien entendida enriquece a
otras naciones de suelo menos fértil, cuando aún entre nosotros hay quien se
aplica y adelanta. ¡Tristes de los que se duermen en la confianza de sus
extensas posesiones y no tratan de adelantarías! De lo grande y de lo pequeño
saca partido el agricultor industrioso y diligente: lo mucho, si se beneficia
mal, da menos que lo poco cuando está bien cultivado. También lo mucho aprende a
manejarlo, a subdividirlo y a aprovecharlo el que madruga, el que estudia, el
que trabaja.
- El cultivo de un campo de trigo, de centeno, de
cebada, o de avena, debe ser el mismo que el de una huerta donde se siembran,
se cuidan y se alternan las legumbres, los pastos y los granos.
- Esas huertas de Valencia y Murcia, esos hermosos
pedazos de regadío que consuelan la vista y ensanchan el corazón en diferentes
puntos de España, llevan cultivos que podemos enseñar con orgullo a los extranjeros,
y que debieran servir de estímulo y de modelo a todos nuestros hacendados y
labradores. ¡Que falta el agua en los demás puntos, que se secan las plantas,
que son inseguras las cosechas! Cierto; pero a eso es a lo que ha de buscarse
el remedio.
- Mucho de arbolado, mucho de sembrar plantas de
abono, mucho de ir ganando terreno sobre la esterilidad presente, mucho de
trabajo y de constancia; y no querer hacerlo todo de una vez, que las mejoras
siempre son progresivas y paulatinas. En una palabra, lo estéril de hoy ha de
irse convirtiendo en productivo para mañana, y esas tierras de secano tan
áridas y despreciables, han de adquirir humedad con la multiplicación de
árboles, sustancia con las plantas reparadoras, fertilidad con el buen cultivo;
han de irse aproximando en cuanto posible sea a la huerta que tiene el agua a
su disposición. Y también hay plantas útiles que aguantan la sequía; nosotros
las iremos dando a conocer.
- El agricultor ha de mirar muy lejos, ha de pensar
no solamente en sí, sino también en sus hijos y descendiente, elevando sus miras
es como únicamente conocerá los secretos de la agricultura, y fomentándose a sí
mismo dejará en buen camino a los que le sucedan, con el placer y la
satisfacción de haber contribuido más que otros a acrecentar la prosperidad, el
crédito y el poder del país. (Semanario popular).
ADDENDA, ADICIONES Y COMPLEMENTOS SOBRE LAS TEMÁTICAS Y MOTIVOS REFERIDOS EN EL ARTÍCULO. (POR JUAN EMILIO PRADES):
BIBLIOGRAFIA, WEBGRAFÍA Y FUENTES DOCUMENTALES:
ARCHIVO FOTO-IMAGEN:
Imágenes cedidas por J. E. Prades Bel.