GENTES, COSTUMBRES, TRADICIONES, HISTORIAS, FOLCLORE, PATRIMONIOS Y PAISAJES DE LA PROVINCIA DE VALENCIA:
EN HOMENAJE A MI TIERRA Y A MI PAÍS....
Por: JUAN E. PRADES BEL, autor de los proyectos: "Crónicas históricas"; "Recordar también es vivir"; "Historias del Mar"; “Espigolant cultura: taller de historia, memorias, crónicas, patrimonios y humanidades"; y otras historias.
(Proyecto): DATOS PARA LA HISTORIA DE LOS PUEBLOS DE LA COMARCA NATURAL E HISTÓRICA DE LA HUERTA DE VALENCIA.
"VALENCIA, NOVIEMBRE DE 1788: AGRICULTURA: DISCURSO SOBRE LO ÚTIL Y AUN NECESARIO, QUE SE CREE SER A LOS CAMPOS DE LA HUERTA DE LA CIUDAD DE VALENCIA, EL ESTIÉRCOL Y POLVO QUE SE SACA DE SUS CALLES, Y PERJUDICIAL A LA SALUD PÚBLICA QUE PERMANEZCA EN ELLAS”.
Escribe: JUAN EMILIO PRADES BEL.
INTRODUCCIÓN: Textos de 1788 del Marqués de la Torre de Carrus, del Consejo de S. M. y su Oidor en la Real Audiencia de Valencia.
EXPOSICIÓN DOCUMENTAL:
(Documento 1º, fechado en marzo del año 1788):
- Memorial literario, instructivo y curioso de la Corte de Madrid. 11/1788. Páginas 355 y sucesivas. VALENCIA, NOVIEMBRE DE 1788: AGRICULTURA. Discurso sobre lo útil y aun necesario, que se cree ser a los campos de la Huerta de la ciudad de Valencia, el estiércol y polvo que se saca de sus calles, y perjudicial a la salud pública que permanezca en ellas.= El Señor Marques de la Torre de Carrus, del Consejo de S. M. y su Oidor en la Real Audiencia de Valencia, en cumplimiento del encargo que le había confiado la Real Sociedad de Amigos del País de aquella Ciudad y Reyno, compuso y presentó en ella este Discurso, (I) cuyo extracto es el siguiente: “Después de dar una idea de los sucesos y causas que han contribuido y contribuyen a la necesidad que en el día tienen los campos de Valencia de todo género de estiércol, y de la general estimación que deben estos granjearse con respeto a la producción de las tierras, a la subsistencia y conservación de los cosecheros, y al interés de los propietarios de estas para la percepción de sus rentas; entra el Autor a tratar en la primera parte de la utilidad que resulta a los campos de la vega de dicha Ciudad siendo socorridos con el polvo y estiércol de sus calles, tanto con respeto o al aumento de las cosechas, como al interés de los dueños propietarios de las tierras y provecho de los colonos. Véanse sus razones:
- Una de las principales cosechas, y acaso la
primera de que resulta mayor utilidad a los labradores de la Huerta de
Valencia, es la del cáñamo; los cuales tienen la discreción de destinar
particularmente para esta cosecha, el polvo y estiércol que recogen de las
calles, porque la experiencia les ha manifestado el buen suceso con que obra
siempre este género de abono; comunicando a los suelos o campos cierta materia
sutil, untuosa, y disoluble, que es la más propia y activa para la nutrición
del cáñamo, y al que constituye la verdadera fertilidad.
- Esto consiste, en que, como dicho polvo y estiércol,
aun después de impregnado de tantas sales y substancias como se le agregan y comunican
de excrementos de animales y personas, residuos de las verduras, y otros
despojos de las cocinas que se arrojan a las calles, las basuras, las aguas
sucias, el continuo roce de las suelas de los zapatos, &c. &c.,
conserva siempre su naturaleza terrea y pesada, toma un cierto asiento y
consistencia la superficie de los campos, en donde se hacen las cosechas de
grano, quedando así las semillas especialmente las de cáñamo, más tapadas, y preservadas
de los pájaros, menos expuestas a que los riegos y las aguas las remuevan ni acumulen;
y cuando los tallos o las cañas crecen, se hallan más inflexibles a los impulsos
de los vientos, tomando otro tanto más vigor y medra, cuanto suben derechas.
- A más de esto, con semejante abono queda la
tierra, fertilizada por largo tiempo y duración; porque como contiene más unida
la materia que conviene a la nutrición, que son las partículas espirituosas y volátiles,
sucede la evaporación y disipación de éstas más lentamente, como lo
experimentan aquellos labradores, haciendo inmediata cosecha de trigo en el
mismo campo de donde han acabado de sacar la del cáñamo, sin necesidad de nuevo
abono; de lo que resulta que alimentándose siempre el cáñamo con igualdad de los
jugos nutricios desde que nace hasta que se coge, adquiere mayor, peso,
suavidad y firmeza.
- La experiencia tiene acreditado, que un mismo
campo estercolado la mitad con estiércol de caballerías y cerdos, sin que
hubiese polvo de la Ciudad, y la otra mitad de estiércol recogido por las
calles de la misma, ha producido el cáñamo que se sembró en la última parte de
tierra, una tercera parte más que en la otra, y su calidad también sin comparación
más suave y blanco; de modo que el precio del uno al otro por su particular bondad,
excederá de 10 a 12 sueldos por arroba.
- A estas ventajas se añaden las de que no conteniendo
en sí este abono simiente alguna, se evita el perjuicio de que la tierra crie malas
hiervas, y no comunique a los granos, a las verduras, ni a las frutas mal sabor
alguno, como sucede con los demás estiércoles.
- Y siendo cierto, que de cuantas maneras puede
sugerir el arte para fertilizar las tierras, serán siempre las mejores y más
seguras para el acierto aquellas que se aproximen más a las operaciones de la
naturaleza; nuestro abono en este caso es el más análogo y conveniente a este
sistema, porque no es otra cosa que la misma naturaleza dispuesta ya a la producción.
Al contrario, con los demás estiércoles de caballerías, ganado lanar, cloacas,
y otros de esta naturaleza; porque estos contienen mayor cantidad de partes
groseras que de volátiles, que constituyen el alma, y la esencia de la vegetación
de las plantas, las cuales como más sutiles y ligeras, están más bien sujetas a
evaporarse y elevarse a la atmosfera, por lo que viene a ser necesariamente
menos constante y mucho más débil su acción, y lo seria en su consecuencia el
producto, si careciesen dichos labradores del socorro del polvo y estiércol que
recogen de las calles de la Ciudad.
- También sucede que el trigo que se siembra en
tierras de igual substancia, estercoladas con el polvo, da mayor producto, y es
mejor en su calidad y más lustroso, más corriente, más pesado, y de mucha más
harina.
- En las verduras sucede lo propio, siendo de mejor
gusto, y su producto mayor, y por eso los vecinos de aquella Ciudad prefieren
estas a las que se riegan de la acequia de Valladar, pues por su putridez e
infección se deterioran y enmohecen dentro de poco tiempo; argumento claro, de
que han de ser nocivas para la salud.
- De aquí el mayor valor de las tierras que pueden
lograr el beneficio del estiércol de aquellas a que no alcanza.
- El ejemplar práctico de la importancia de dicho estiércol
se comprueba con la costumbre de los vecinos de los lugares de Benifaraig,
Moncada, Alfara, Vinalesa, Meliana, Foyos, Albalat de Mosen Sorrell y Masamagrell;
los cuales sin embargo de la mucha distancia, vienen todos los años a la calle
de Murviedro a comprar el estiércol que recogen sus pobres habitantes de las
calles de la Ciudad, y se lo llevan para estercolar sus melonares; porque
tienen experimentado que los melones que cogen con el abono de este estiércol
son más abundantes, y de un gusto más exquisito y particular.
- Los sogueros prefieren siempre el cáñamo que es
producido del estiércol del polvo a cualesquiera otros, y lo pagan mucho más, distinguiéndolo
a la primera vista porque es notoria su mayor bondad.
- De modo que, juntándose esta utilidad a la bondad
y calidad particular de este abono con que obliga a la producción, a diferencia
de todos los demás estiércoles, y debiéndose originar indefectiblemente por su
falta una notabilísima decadencia en la copia de frutos, y consiguientemente en
su valor; se imposibilitarían en virtud de ello los cosecheros para pagar el
precio de los arriendos, y este perjuicio recaería de lleno en los
propietarios, minorándose considerablemente sus tierras.
- Nadie ignora que la huerta de Murcia, Orihuela, y
Castellón de la Plana, contiene un suelo más hondo y rico de materiales que la de
Valencia; pero los cáñamos de esta exceden sobre manera en peso y finura a los
que se cogen en aquellas.
- La seda que produce este terreno por el mismo
término es más delicada, consistente y especial que la que crían todos los demás
de España; efectos que no se pueden atribuir a la bondad del clima, porque tan
buenas o mejores son los de las huertas nombradas, sino al beneficio del estiércol
y polvo de las calles de Valencia.
- Que las ventajas de la Huerta de esta Ciudad se
deban principalmente al auxilio del polvo, lo conocerá cualquiera que pare la consideración
en la variedad de los terrenos de que se compone. El de la parte de la Cruz de
Xátiva respecto del situado a la otra parte del rio hacia el Monasterio de San Miguel
de los Reyes descubre incomparablemente mayor aridez y languidez en la producción
de sus frutos; cuya diferencia consiste en que aquel terreno o suelo no ha
podido ser beneficiado tan pródigamente del mencionado polvo, como este, por su
diversa situación, y distancia de Valencia.
- Otra reflexión se puede hacer en prueba del
grande aprecio con que dichos labradores miran el polvo. El camino nuevo de
Madrid necesitaría de un excesivo dispendio de caudales para su conservación; y
se ve que los labradores solicitan, y se obligan gustosos con escrituras públicas,
a aprontar considerables porciones de cargas de casquijo, solo con que se les
permita aprovecharse del polvo que en él se hace, y cae en la zanja de sus
orillas, por el frecuente y continuo tránsito de los carruajes, caballerías, y
personas; contemplando esta leve recompensa como bastante y proporcionada a tan
penosa y superior fatiga.
- También se ve, que cuando por continuadas lluvias
acontece en aquella Ciudad formarse lodazares en el invierno, que cuasi
embarazan el tránsito de las calles en el preciso comercio de las gentes;
entran los labradores, y a porfía recogen el lodo; dejando limpia y expedita la
ciudad en menos de tres horas, sin costar un maravedí; y yéndose muy regocijados
y contentos por llevar aquella masa, próxima a corromperse originada del polvo.
- La bondad de este excede en sumo grado al que
pueda formarse en cualesquiera otra población del Reyno para el abono de las
tierras; como que continuamente se está impregnando de las materias más propias
y conducentes a la fertilidad, como son los halitos y vapores que arrojan de sí
las cloacas que por conductos subterráneos cruzan toda la Ciudad, las que se
unen e incorporan a dicho polvo; de tal suerte, que es común opinión entre les labradores,
que con solo estar en sus calles la grava o piedra por 24 horas, y sin llegar a
molerse, el terreno donde la echan produce con notable feracidad y abundancia. ¿
Y si tanto aprecio hacen de las piedras, que mucho lo hagan mayor del polvo
originado de las mismas con el continuo molimiento de las ruedas, agregándose a
esta las demás substancias de que es compuesto? A más que si de notorio se
sabe, ser uno de los mejores abonos para la tierra la cal, siendo la más fina y
apreciable la que se hace de esta especie de piedra viva; ¿ qué actividad no le
deberemos atribuir a la misma convertida en polvo sin haber pasado por el fuego
que siempre consume porción de las propiedades de las materias que se exponen a
él ?.
- De aquí, nace aquel proloquio oído tantas veces
de que en Valencia continuamente se pisa y barre el oro y plata por sus calles,
con alusión al polvo que causa tan abundantes y preciosos frutos, para cuyo
efecto se afanan tanto sus agricultores.
- Tan extremada, como hemos visto, es la utilidad
que resulta del estiércol y polvo de que tratamos, pero no lo es menos la
necesidad que del mismo tienen los campos de Valencia; que es lo que se intenta
probar en la 2.ª parte:
- Dos pueden ser las causas que alteren considerablemente
la necesidad de los estiércoles; la una, cuando las tierras que se cultivan son
por su naturaleza pingües y frescas, o por el contrario flacas y estériles, y
la otra, cuando a estas mismas tierras se les apure en continuas producciones, o
bien se las conceda descansar suficientemente.
- En cuanto a la indagación de la primera causa,
respecto a las tierras de la Huerta de Valencia, varían estas tan notablemente
en su naturaleza, como varían en su situación, y en la cualidad y cantidad de
los frutos en que se aventajan ciertos distritos a otros; de conformidad, que o
ya sea, por la mejor disposición que encuentran las raíces de las plantas y
granos para insinuarse más libremente en unas tierras que en otras según su configuración
y estructura; o ya sea por la frialdad, sequedad, calor, o humedad en que
respectivamente se exceden estas; o ya en fin por el mayor fondo y miga que contienen
las mismas, conforme a su situación; lo cierto es que constituyendo esta misma
variedad otras tantas diferentes calidades y naturalezas de las tierras de esta
Huerta, no parece puede darse definición que generalmente convenga a todas, ni que
nos certifique expresamente de su verdadera esterilidad o fecundidad.
- Sin embargo, como por otra parte están aquellos
labradores de común acuerdo en que por lo general son delgadas, endebles y de poco
fondo, como lo confirma la práctica que tienen de labrar superficialmente las
tierras, para evitar el perjuicio de remover las vetas de las estériles, que se
encuentran bastante inmediatas a la superficie; siempre será incontrovertible,
que unos y otros, y todos ellos dejarán de producir en el instante mismo que carezcan
de la abundancia de estiércoles; por tanto se debe convenir en que como quiera que
las tierras de dicha Huerta según su aptitud y naturaleza, nada puedan obrar por
si respeto a la fecundidad y producción; es por consiguiente necesario el beneficio
de los estiércoles; y mucho más el de las calles de la Ciudad, por su mayor
bondad respecto de todos los otros.
- Por lo perteneciente a la segunda causa, se hace
aún más visible esta necesidad, porque según los Físicos que más han ilustrado
esta materia, las tierras propiamente no son otra cosa, que unas masas destinadas
para recibir, contener, y subministrar a las plantas aquellos jugos nutricios
de que necesitan, y que depositan en ellas los aires, los rocíos, las lluvias y
los estiércoles de manera que una tierra, cualquiera que fuere su naturaleza,
cesará de producir siempre que le falte el concurso de las substancias extrañas.
- Pero, como cualesquiera, que sea su fecundidad,
se agota bien presto con la multitud de plantas y granos que chupan sus jugos y
substancias, juntamente con la evaporación de estas, sino se socorre a las
tierras con los abonos propios, para comunicárselas de nuevo; de aquí es que según
producciones con que el cosechero fatigue los campos, tendrán estos tanta mayor
o menor necesidad de aquellos socorros.
- Supuesto esto, ¿ de qué punto de necesidad de
abonos serán susceptibles las tierras de la huerta de Valencia, que están
siempre en continua vegetación ?; A lo que se agrega, la infinidad de moreras
que contienen las mismas, capaces por sí solas de absorberse todos los jugos de
aquellas; y la calidad de agua del rio que sirve para el riego, que por ser muy
fuerte y delgada consume la crasitud y substancias de las tierras, a diferencia
de la de los pozos, norias, fuentes, y otras que corren mansamente, las cuales
por su blandura y flojedad dispensan a los cosecheros de igual necesidad y
copia de abonos.
- La última y más poderosa prueba de la absoluta
necesidad que tienen aquellos labradores del polvo y estiércol de las calles de
dicha Ciudad, es, que sin embargo, de no serles permitido el recogerle sin
pagarle, pues en esto no hay más distinción que en la especie de pago, respecto
a que pierden otros tantos jornales, como son los que ocupan en introducir la
arena y guija para la conservación e igualdad de aquellas a que se les obliga
en cambio, sufren no obstante gustosos este impuesto, apresurándose a cumplirle
para lograr el debido socorro a sus necesidades.
- Todo cuanto se pudiera decir de más sobre este
asunto debe ceder al mérito de esta reflexión; en cuyo supuesto pasa el Autor a
la 3.ª parte de su Discurso, en la que intenta hacer ver el perjuicio que resultaría
a la salud pública, si el expresado estiércol permaneciese en las calles:
- En confirmación de esto se observa, que cuando
por la festividad de solos tres o cuatro días consecutivos, no pueden entrar
los labradores a recogerle, se encuentran todas las calles de la Ciudad
cubiertas de todas aquellas basuras, excrementos, y residuos de las cocinas, de
que se hizo mención al principio.
- El conjunto de todas estas materias diariamente
detenidas y aumentadas juntamente con las aguas y lluvias, con la humedad y
calor que proporciona la estrechez y angostura de las calles, y con el ardor de
los rayos del sol, especialmente en verano, en un clima además de esto húmedo y
cálido por su naturaleza; habría de producir precisamente una verdadera putrefacción,
que infestando todo el ambiente y la atmosfera con la continuación de sus exhalaciones
y vapores, quebrantaría bien pronto la salud de los Ciudadanos, la cual no
pende tanto del alimento corporal, cuanto de la constitución del aire que respira.
- Esta verdad
la atestiguan los mismos que viven inmediatos a los callizos cerrados, donde se
echan las basuras; pues no pudiendo tolerar el mal olor que de si exhalan, y también
por evitar las perniciosas resultas que se les seguirían, si existiesen mucho
tiempo en ellos, se ven precisados a buscar estercoleros, quienes no solo se llevan
gustosos las basuras, y limpian los callizos, sí que en agradecimiento suelen
regalarles con algunas frutas de sus cosechas.
- Infinidad de ejemplares de los efectos mefíticos
que causa la malignidad de estos influjos, y de las eficaces y oportunas
providencias para evitarlos, se leen lastimosamente en otros tantos escritos.
- La campaña de Roma sujeta en otros tiempos a
estos perniciosos accidentes por las emanaciones y halitos que despedían sus
lagunas y sitios pantanosos; se advierte hoy sumamente corregida a beneficio de
los desagües y asombroso plantío de árboles para purificar aquella vasta región
del aire.
- En nuestra Corte de Madrid se vieron iguales
acontecimientos, cuando la marea e inmundicia discurría por sus calles; pero después
ha cambiado tanto por medios opuestos, cuanto que en el día se adquiere la
justa admiración y elogio de las extranjeras respecto a su limpieza y sanidad.
- Y sin salir del Reyno de Valencia y en estos días,
¿ cuántos de sus labradores han sido víctimas de la epidemia, y mortal veneno
que originaba el antiguo cultivo de los arroces con su cieno y légamo
corrompido y fétido, y para cuyo remedio clamó la Real Junta particular de
Agricultura y Comercio de dicha Ciudad; expusieron los más hábiles Médicos sus
dictámenes, en favor de ello; se interesó vivamente el Gobierno, y ocupando la atención
de nuestro católico Monarca en tan justas solicitudes, se expidieron desde
luego sus Reales Cédulas, limitando la extensión que tomaba esta cosecha, y reduciéndola
a los correspondientes riegos, con que se evitase toda corrupción, origen, y
causa de estas enfermedades y muertes.
- La Medicina subministra otras pruebas de cuanto
contribuye la atmosfera a nuestra utilidad, y a la notable alteración de que es
susceptible por el influjo y condición de las exhalaciones de la tierra; pero
baste nuestro intento aquel principio recibido generalmente entre los
Profesores de esta ciencia que establece: “corruptum corrumpir sibi adjunctum”.
- Concluye el Autor confesando de buena fe, que
este es un punto que merece ser examinado más radicalmente en obsequio de una verdad
en que se interesan la salud y utilidad pública y privada, de todos los
moradores de la mencionada Ciudad, y labradores de su Huerta; y que resulta de
una materia al parecer tan despreciable y sórdida, como es el polvo y estiércol
de sus calles, pero tan útil y necesario a los campos, que de él, y en su
elogio se puede decir en conclusión y en pocas palabras: él (campo) nos
sustenta.
(I) Se ha impreso este Discurso en la misma Ciudad
de Valencia por D. Benito Monfort, es un volumen en cuarto de 54 páginas.
ADDENDA, ADICIONES Y COMPLEMENTOS SOBRE LAS TEMÁTICAS Y MOTIVOS REFERIDOS EN EL ARTÍCULO. (POR JUAN EMILIO PRADES):
BIBLIOGRAFIA, WEBGRAFÍA Y FUENTES DOCUMENTALES:
ARCHIVO FOTO-IMAGEN: El “Regadío histórico de la Huerta de Valencia” esta reconocido por la F.A.O. como un "Sistema Importante del Patrimonio Agrícola Mundial" (FAO).
Imágenes cedidas por J. E. Prades Bel.
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