GENTES, COSTUMBRES, TRADICIONES, HISTORIAS, FOLCLORE, PATRIMONIOS Y PAISAJES DE LA PROVINCIA DE VALENCIA:
EN HOMENAJE A MI TIERRA Y A MI PAÍS....
Por: JUAN E. PRADES BEL, autor de los proyectos: "Crónicas históricas"; "Recordar también es vivir"; "Historias del Mar"; “Espigolant cultura: taller de historia, memorias, crónicas, patrimonios y humanidades"; y otras historias.
(Proyecto): DATOS PARA LA HISTORIA DE LA HUERTA HISTÓRICA DE VALENCIA, SUS PUEBLOS Y LA CIUDAD CAPITAL.
"AÑO 1871: DESCRIPCIÓN DE LOS SALONES REALES DEL PALACIO DE LOS CONDES DE CERVELLÓ EN LA CIUDAD DE VALENCIA".
Escribe: JUAN EMILIO PRADES BEL.
INTRODUCCIÓN: Crónica histórica sobre la historia, la descripción y detalles del Palacio de los Condes de Cervelló en el año 1871:
EXPOSICIÓN: Frente al Convento de Santo Domingo situado en la plaza de Tetuán de la ciudad de Valencia, se halla el histórico Palacio de los Condes de Cervelló, el cual es un edificio de singular importancia para la historia moderna y contemporánea de España y Valencia.
- En el año 1810 fue derribado el Palacio del Real de Valencia, y a partir de esa fecha el Palacio de los Condes de Cervelló, pasó a convertirse en la residencia oficial de los monarcas en sus visitas a Valencia. En el año 1814, fue recibido en este palacio Fernando VII, engalanándose al efecto con arcos de triunfo, alegorías y retratos del rey, en el palacio firmó el decreto que disolvía las Cortes y derogaba la Constitución de 1812, y años más tarde, en 1840, su esposa María Cristina abdicó aquí de la regencia.
- El edificio del Palacio, fue construido en el siglo XVIII por los condes de Cervelló, señores de Oropesa del Mar, en la actualidad del siglo XXI sólo la fachada se conserva con su aspecto original, de estilo neoclásico, flanqueada por dos torres y con dos pisos y balcones. El palacio alberga el Museo Histórico Municipal de València, el Archivo Municipal de València y la Biblioteca Municipal Serrano Morales.
EXPOSICIÓN DOCUMENTAL: (Documento 1º, con fecha del año 1871):
- AÑO 1871: La Época (Madrid. 1849). 5/9/1871, n.º 7.390.
- ALOJAMIENTO DEL REY EN VALENCIA.= En la plaza que oficialmente se llama ahora de Tetuán, pero que para el pueblo valenciano no ha perdido todavía su antigua denominación de Santo Domingo, y frente al convento de predicadores que le dio nombre, convertido por las vicisitudes de los tiempos en el palacio de la capitanía general, destacase en el prolongado frente de casas que sombrea una alameda de esbeltos ailantos, un edificio de mayores y más regulares proporciones que los demás, en cuya blanca fachada, compuesta de dos torres no muy altas, y un cuerpo central más bajo que entre ellas corre, se abre en tres filas una serie de balcones que, con los hierros y las persianas pintadas de vistoso color verde, le dan el alegré aspecto de una quinta o villa italiana. Aquella casa, que si por la sencillez no puede aspirar al pretencioso dictado de palacio, por su severa y aristocrática elegancia, indica que no es una vivienda vulgar; pertenece a la familia de los egregios condes de Cervellon, habiendo adquirido en Valencia justa celebridad en el presente siglo, por haber servido de morada varias veces a las personas reales en sus visitas a esta ciudad, y pudiera aspirar legítimamente a mayor fama, pues ha sido teatro de acontecimientos de primera importancia en nuestra moderna historia constitucional. Allí se alojó Fernando VII al regresar de su cautiverio el año 1814, y en aquellos alegres salones, iluminados por el radiante sol de abril, se trabaron las negras intrigas que a su alrededor se agitaban para destruir el régimen constitucional.
- Allí le fue presentada al rey la célebre
exposición de los diputados arrepentidos, llamada de los persas, en la que se pedía
la disolución de las Cortes; allí el general Elío, al frente de la oficialidad
del segundo ejército, ofreció al monarca el apoyo de las bayonetas para
destruir la Constitución, y allí, finalmente, firmo el ingrato Fernando el
decreto de 4 de mayo, que acabó por entonces con el régimen liberal, y quiso
borrar de la historia nuestro primer período constitucional.
- Pero la historia tiene crueles compensaciones. En
ese mismo palacio, donde el rey Fernando borró tan fácilmente de una plumada
las libertados populares, su viuda, la reina Cristina, apuró el cáliz del
dolor; tuvo que renunciar a su poder, apartarse de sus tiernas hijas y huir al
extranjero. ¡Tristes lecciones de la veleidad de la fortuna!
- Había estado en Valencia doña Cristina de Borbón
en compañía de sus padres cuando vino a casarse con el rey, pero entonces no se
hospedó en casa de los condes de Cervellón, sino en el palacio de la Capitanía
general, ahora casa del Sr. Campo. ¡Qué entusiasta ovación tuvo entonces la joven
princesa! ¡Cómo triunfaban su espléndida belleza y su juventud! ¡Y qué contraste
con aquellos días presentan los amargos que pasó en Valencia en 1840, en esos
salones que hoy se disponen nuevamente para recibir a otro monarca!
- Doña Cristina vino con sus dos hijas, la reina
Isabel y la infanta Luisa Fernanda, a fines de agosto, desde Barcelona.
- Su poder estaba en la agonía; Espartero y los
progresistas triunfaban en toda la línea. En Valencia no encontró la reina Gobernadora
más que soledad y abandono. Una serenata que quisieron darlo los moderados, la tuvieron
que prohibirla los ministros en vista de la actitud hostil del pueblo. La reina
madre pasaba las horas llorando, y sus hijas, tiernas niñas de diez y de ocho
años, ignorantes de los peligros, pasaban el día jugando en el jardín del Real.
De allí llevo la reina Isabel un pequeño pie de naranjo al huertecito que hay en
la casa de Cervellón; con sus propias manos abrió un hoyo y lo plantó para
memoria. Hoy es un hermoso árbol, que se cubre todas las primaveras de
aromático azahar y después de doradas naranjas.
- Estalló el pronunciamiento de setiembre, el
gobierno de la reina madre perdió toda autoridad, y el día 16 de setiembre, sucumbiendo
ante sus adversarios; doña Cristina encargó la formación de ministerio a
Espartero. Este entró en Valencia en 7 de octubre. ¡Qué ovación! ¡Qué frenesí!
El popular general se alojó en casa del marqués de Mascarell, a las espaldas
del alojamiento regio, y cuando pasaba a palacio para el despacho, el pueblo le
seguía y le aclamaba ante los mismos balcones de la majestad humillada. La
situación era insostenible; el día 12, la reina Gobernadora presentó su
renuncia al ministerio, y aquella noche acudían las autoridades, las
corporaciones, las personas notables a la regia cámara, a oír la lectura de
aquel documento que daba final poder de doña Cristina de Borbón.
- Fallaba otro trance amargo, de que también fue
teatro esa casa, lugar de tantas peripecias; la reina madre, con el corazón
desgarrado, se separó de sus hijas, que apenas comprendían lo que pasaba, y el día
17 se embarcaba en el Grao, a bordo del
vapor Mercurio, qué la llevaba al extranjero.
- El día 28 las dos tiernas hermanas, solas y
tristes, marchaban a Madrid. Cuatro años después. Cambiada la situación
política, María Cristina, de regreso del extranjero, era recibida con vítores y
flores en Valencia.
- La reina Isabel no regresó á esta ciudad hasta
junio de 1858, entonces se hospedó también en el palacio de los condes de
Cervellón, y fue obsequiada con brillantísimos festejos.
- Otros personajes de la familia real ha hospedado
también ese favorecido edificio en 1852; si mal no recordamos, fueron sus
huéspedes el duque de Montpensier y la infanta su esposa, y algunos años
después dio alojamiento al príncipe Adalberto de Baviera.
- Hoy, dando un nuevo ejemplo de la inconstancia de
la suerte, se honrará con la presencia del rey Amadeo. El duque de Fernán-Núñez,
uno de los ilustres miembros de la antigua nobleza que con más simpatía han
acogido a la dinastía nueva, ha puesto a disposición del monarca esta histórica
morada, que hemos visitado, para poder satisfacer la curiosidad del público.
- No vamos, sin embargo, a describir detalladamente
todos los aposentos de este gran edificio, del que viven alojados sus dueños,
razón por la cual no está decorado con el lujo de los aristocráticos palacios,
ni el gusto moderno ha introducido en él las reformas que contribuirían a
embellecerlo.
- Espaciosas salas modestamente adornadas; grandes salones
que recuerdan el estilo del primer tercio del siglo, y algunos mueblajes y
adornos modernos, son lo que componen el palacio, donde se alojará esta tarde
D. Amadeo.
- La escalera que es ancha, de losetas de mármol y
peldaños de madera, está a la derecha del patio de entrada, y da acceso a las habitaciones
por una sencilla sala con antiguas sillas de madera, per la cual se penetra a
los apartamentos situados sobre la plaza de Tetuán, que ocupan la extensa
fachada del palacio. Dos grandes salones en el centro y dos gabinetes a los extremos,
ocupan aquel extenso espacio. El primer gabinete, que comunica con la sala de
entrada, está decorado con una sillería blanca y azul, cuyos colores lucen también
los cortinajes del balcón y de la puerta de entrada al primer salón, los lienzos
de esta estancia presentan algunos paisajes de capricho pintados al temple, y
se halla adornada con cortinas y muebles blancos y oro con sedería roja. Sobre dos
consolas de mosaico se levantan grandes espejos y pendían del lecho dos arañas
de cristal para alumbrar el salón.
- En los ángulos se hallan colocados grandes
macetones, y el suelo de este, como de las demás salas, está pavimentado con azulejos
de la industria valenciana, siendo blancos con una cenefa los de este primer
salón.
- En el segundo, que cómo el anterior recibe la luz
por tres de los balcones de la frontera, se ha colocado una elegante sillería
de los colores blanco, oro y verde, que se hizo la última vez que doña Isabel
II se alojó en el palacio. Entre dos balcones que dan al patio interior hay una
gran chimenea de mármol blanco, que en invierno templa la atmósfera del salón,
iluminado como el anterior por dos grandes arañas; y completan el decorado dos
consolas con espejos y adornos de bronce, que forman juego con el reloj
colocado sobre la chimenea, y grandes floreros de cristal azul colocados en los
cuatro ángulos del salón. El pavimento, de azulejos blancos, tiene en el centro
una bonita marina de buen gusto, y las paredes están decoradas con una pintura
monumental hecha al temple.
- El gabinete, colocado al extremo de la fachada,
presenta mejor adorno que las anteriores piezas. Está decorado con una elegante
sillería oro y azul, con su chimenea de mármol blanco, sosteniendo jarrones de
porcelana, y en el centro se ve un bonito tocador de mosaico. Una araña de
cristal y oro adorna la estancia, en la que hay colocada un cuadro que representa
a Nuestra Señora del Buen Aire de Caller. Ahora se ha colocado bajo este cuadro
el retrato del rey.
- Desde este gabinete, que con los salones forma un
agradable y vistoso conjunto, se penetra por una puerta surtidor, en un pequeño
despacho preparado para el monarca. Las sillas se hallan vestidas de terciopelo
con un lindo dibujo de varios colores; sobre uno de los frentes hay un bonito “secretaire”
de ricas maderas y en el centro la mesa-despacho.
- Algunos retratos de hermosas damas pertenecientes
a la familia de los condes de Cervellón, cubren las paredes, y en uno de los
ángulos se encuentra un velador de nogal, tabla de mármol blanco y embutidos de
bronce, que al ningún mérito tiene como objeto de arte, es un mueble histórico
según revela la inscripción que grabada sobre una chapa de cobre hay en el
reverso de su mesa. Dice así la inscripción: «En 12 de octubre de 1840, en este
gabinete, alrededor de este velador, tuvieron una conferencia que duró cuatro horas
doña María Cristina de Borbón, como reina Gobernadora, el Excmo. señor duque de
la Victoria, el Excmo. Sr. don Manuel Cortina y el Excmo. Sr. D. Pedro Chacón,
ministros en aquella época, en la que trataron si la regencia debía ser trina o
única.
- La reina Gobernadora mandó suspender la sesión
hasta la tarde, y citó a los ministros para las seis de la misma, a la que
acudieron, y se encontraron la renuncia de tutora y gobernadora del Reino, la
que a presencia de los mismos firmó sobre este velador, cuya renuncia se leyó
por la noche a todas las autoridades, corporaciones y personas visibles de esta
ciudad por la misma reina viuda, y fue comunicada y publicada en la Gaceta por
el Excmo. Sr. D. Manuel Cortina al día siguiente”.
- En esta pieza se ha colocado la copia del Pasmo
de Sicilia pintada por el Sr. Bonilla.
- Contiguo al pequeño despacho, con el que se comunica
por otro surtidor, hállese el salón dormitorio, decorado con una caprichosa
pintura al temple, más rica que la de los demás aposentos, representando varios
pasajes mitológicos, como Apolo y Dafne, Páris y Venus, el robo de Europa, el buitre
desgarrando las entrañas de Prometeo, y otros varios asuntos.
- Las colgaduras y sillería son de seda amarilla, y
tras una caprichosa columnata que forman un dosel, a uno de cuyos lados se
halla un Cristo y un reclinatorio, se oculta una espaciosa alcoba, destinada
ahora a dormitorio regio.
- Sería muy largo hacer la descripción de las demás
piezas del edificio, pero otro mueble que encierra también un notable recuerdo
de los sucesos que antes hemos indicado, nos mueve a hablar de otro
departamento interior. Es este la sala de billar, modestamente decorada y donde
existe un antiguo retrato de D. Alemán Carroz, hijo del conde alemán que vino a
España pon Carlos V, que le armó caballero siendo el fundador de la casa de
Nules. El billar recibe la luz de una galería cubierta que da sobre un jardín
interior, con grandes árboles y una fuente de mármol, conservando todo el
carácter de los antiguos huertos de las grandes casas de otra época. Aquí es donde
está el naranjo de Isabel II.
- El mueble a que nos referimos se halla en un
pequeño gabinete inmediato a la galería, y como ella con vistas al jardín; es
una escribanía de nogal con adornos de doradillo, de forma antigua y sin ningún
mérito. En uno de los cinco cajones que contiene, se halla la siguiente
inscripción: “En 4 de mayo de 1814, sobre esta mesa, D. Fernando VII declaró
nula y de ningún valor la Constitución que se publicó en Cádiz en 1812, y firmó
dicho decreto el excelentísimo Sr. don Pedro de Macanaz”.
- ¡ Quiera Dios que la casa del conde de Cervellón,
testigo de tantas vicisitudes históricas, no vuelva a ser teatro de escenas que
revelen una vez más las diferencias entre los monarcas y los pueblos y las
luchas de los partidos!. (Las Provincias).
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